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lunes, 11 de noviembre de 2013

Receta: bailar




Con el dolor se aprende. 
Es así, no hay más vuelta que darle. 
Y de dolores, créeme que sé. 
Ahora te escribo para pedirte que no me retés. 
Ya lo sé. Me equivoqué no viéndolo como al hombre equivocado que era. 
Y es la desesperación Negra, es el cansancio. Es este remar este hogar, esta familia. 
Y está mal. 
Reverendamente mal. 

No pude salir invicta de su encanto. 
Príncipe sapo, buscaba una princesa y yo solo era una ordinaria plebeya. 

Me llené de porqués. 
Y esta noche, mientras la casa sucumbe a la noche y al silencio, los empiezo a responder. 
No voy a explicártelo a él. 
Hace dos noches, lo solté. 
De mi corazón, de mi alma, de mi vientre. 
Lo solté de mis ojos. 
Lo solté de mis ansiedades. 
Lo solté de mis sueños. 
Lo solté de mi esperanza.

Lo dejé irse a retar la altura de sus montañas. 

Y decidí seguir con esta vida.
Con mis pocos y mis muchos. 
Y aunque inevitablemente algo me recuerda a él, puse en movimiento la maquinaria del olvido. 
La receta del desamor. 
Y en lugar de matarme con todas esas canciones que lo dibujarían hiperrealistamente entre mis brazos, empecé a bailar. Pusé la música al taco, y bailé. Y cuando mis brazos se movían, y mis caderas iban de aquí para allá, lo empecé a exorcizar. 
Y levanté mis brazos al cielo, y cerré los ojos y canté. 
Y desafine el dolor rasposo de las lágrimas que estaban enquistadas en mi garganta. 
Y ella cantaba "Muero por tí" y yo pensé que no, no me morí. 

Y ya no voy a morir más. 
No por él. 
No por aquel. 
No por ninguno de ellos. 

Y bailé, y sudaba, y mis piernas se cansaban. Mis rodillas dolían. Y tenía razón mi hermana y su lección de las endorfinas. Porqué me sentí bien. Y comprendí que también lo dejé ir porque yo quiero querer  el cuerpo que tengo. Porque amarlo a él, era querer ser como él, y no quererme a mí. Tener que luchar contra mi misma para tener una chance en su scouting de barbies. 
Y no Negra. 
No. 
Por qué sabes qué? No quería cambiar por él. No quería tener que esforzarme. Por ser mejor para él. 
Y lo solté. 
Y entendí que si algún día, un hombre me quiere, tendrá que ser por lo que soy por fuera y por dentro. Deberá quererme con el cuerpo que tengo. Deberá acompañarme a hacer la paz conmigo misma, no incitarme a otra guerra, donde gorda o flaca soy infeliz mirándome en un espejo. 

Y Negra, me moría de vergüenza cuando me pidió esa foto. 
Y junté coraje, y casi sin mirarme, me la saqué. Y se la envié. Y hoy sé que me equivoqué al hacerlo. Y me duele. Y aprendo. 
Y la música no para, y me sigo moviendo. Me miro en el espejo y sonrío, y mis mejillas están rojas, y no sé, no estoy segura, pero es uno de esos instantes donde podría decirte que soy feliz. 

Y sé que en un tiempo, voy a mirar para atrás, y él ya no me va a doler. 
Y no aparecerá en mis palabras. Y sólo será un punto perdido en  en mi escribir de todos los días.

Y quizá todo cambie. Y quizá no. 
Pero no quiero perpetuar más infelicidad de la necesaria Negra.
Junto Coraje.
 Hoy salgo al mundo real. Salgo a conocer personas de verdad. Salgo a pintar poesía en una pared cualquiera. 
Y me olvido de mis cansancios, dejo archivado en el segundo cajón de la mesada, todo eso que imaginé y  que no fue. 
Porque de eso se trata la ingeniería de la maquinaría del desamor. 
De dejar de intentarlo a él. 
Para intentarme yo. 
Tratar de ser feliz conmigo misma. Y comenzar a apilar los recuerdos, futura hoguera donde las llamas cauterizaran las nuevas viejas heridas de mi corazón. 
Y tendré listo un vino tinto, y una copa limpia, y brindaré por un paso dado hacia ese algo más. 
De a poco las lágrimas se van a secar.
Y mis manos olvidaran cómo escribirle un Te quiero.
Sólo voy a andar. 
Caminando se encuentran cosas, vos a eso, lo sabes.
Y quizá yo encuentre alguna esquiva felicidad...
Para mientras me muevo...no dejo de bailar
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Etiquetas: comienzos, desamor, hombres, mío de mi alma, otro yo, receta, tando enamorada

viernes, 8 de noviembre de 2013

Mi Waterloo





Quise ser delgada.

Con toda mi alma.
Quise ser bella.
Al precio que fuera.
Quise ser esa que se ríe con el timbre exacto que agrada a todos.
Con voz melodiosa.
Quise ser politicamente correcta.
Tener el cuerpo que algún hombre bueno querría.
Cuidadamente perfecta.
Y no me salió.
Soy una gorda.
Anónima
Estoy gorda.
Con 27 kilos de más.
Con 27 kilos de tristeza encapsulada.
Piel estriada.
Muchas veces reseca.
Me río sin mesuras y sin molderías,
me río a carcajadas poco diplomáticas.
y lloro con hipos desubicados, 
colados en las angustias que me atenazan el alma de vez en cuando.
Lloro con lágrimas que me enrojecen la mirada.
y necesariamente con muchos pañuelos de papel.
No sé llorar bajito.
No sé llorar modestamente.
Mis manos tienen puntos, suturas
cicatrices, quemaduras.
Mis uñas se quiebran y no sé pintarlas.
Sé acariciar con mis manos, pero jamás manicurearlas
Mis manos son fuertes. Pero también suaves.
Mis manos son herramientas, mis manos trabajan.
Mis brazos no tienen grandes músculos.
Tienen lunares. Uno grande y otros más chiquititos.
No son muy largos, pero para abrazar son altamente efectivos.
Tienen flaccidez. Pero para haberlo sostenido hubiesen alcanzado.
Mi rostro tiene el ceño heredado de mi viejo. 
Y su nariz también.
Tengo los pómulos de mi madre, y la boca de ella también.
Boca de comisuras caídas.
Boca de labios partidos que hace mucho que no besan.
Boca que calla dolores.
Boca que camufla con palabras escuetas, las profundidades de perros amores.
Tengo un rostro de luna llena, y cabello negro, con colores agregados
en unas cuantas crisis de peloidentidad.
Tengo pechos grandes, que han sabido alimentar a mi crías,
pechos que se mueven de acá para allá cuando los arcos del corpiño me hastian y me lo arranco sin más.
Pechos que ocultan mi pelotudo corazón.
Miran mis pechos, y jamás miran detrás de ellos.
Son un buen camuflaje.
Son pedazos míos de carne.
Pero nada más.
Tengo panza, una panza que se comió a mi cintura.
Una panza gorda, adiposa, llena de mis miedos, de mis inseguridades
El campo de batalla de mis vergüenzas.
Que se floreció de las estrías de las bulimias adolescentes.
De ser nido para ellas, mis pequeñas niñas.
Mi personal Waterloo.
La muralla de piel y grasas que me separa del resto del mundo.
Mi pecado y mi castigo, 
cuando me  miro en el espejo.
No soy capaz de verme.
Mis ojos oscuros,  se niegan, enfermos.
No quieren mirarme.
Es demasiado doloroso, pero así y todo lo intenté.
Traté de hacerlo.
Él me lo pidió.
Si sólo supiera el peso de lo que implicó mostrarle esas partes a él.
Partes que yo no puedo mirar.
Y me destrozó. Un poco más.
Y supe que para todos como para él, fui una cosa fragmentada.
Y estalle en un dolor avergonzado,
que durante muchos días, lloré.

Siempre no bella. 
Siempre no deseada.
Siempre no querida.
Siempre no amada.

Quise ser linda, pero la fealdad siempre me persiguió.

Y los libros se equivocaron.
No importó ser inteligente.
No importo ser apasionada.
No importo ser capaz de la absoluta ternura.
Si el envase no acompañaba.

Y para mi madre fui una vaca fea y gorda,
y para mi padre ni siquiera era.
Y empecé a buscar un amor que me salvara
aceptándome con mi panza y mis batallas.

No sirvió tampoco.

Porque el amor era para las lindas.

Yo era para levantar el ego.
Para una cojida en un telo.
Para hacer de puta.
Para hacer de psicóloga
Para ser amiga.
Y nada más.

Y me cansé.
Me cansé de intentar ser delgada.
Me cansé de tratar de ser bella.
Me cansé de luchar para ser amada.
Me hartó querer ser aceptada.

Y me enojé.
Porque me deformaron cuando yo todavía no podía entender.
Me presionaron para ser algo que no podía ser.
Era una nena.
No era una mujer.
No sabia lo que ahora sé.
Me incineraron junto con el amor que me debí tener.

Me malenseñaron.
Y ellos, todo ellos, se aprovecharon.

Y hoy lucho por escuchar a mi voz interior.
Por escuchar  ese susurro tenaz que dice que valgo, 
más allá de mi peso
más allá de la textura de mi piel
más allá del contorno de mi cintura.
Intento silenciar a mis verdugos.
A mis acusadores.
A esos hombres que solo me vieron cómo carne para devorar.

Ya poco importa si ninguno me amó.
Poco importa no ser la que ellos querían.

Porque después de todo,
en esta soledad, 
sólo estoy yo.
Con mis partes fragmentadas.
Con mi alma remendada.
Intentando.
Siempre.
Tenazmente.
Dolorosamente
 Esperanzada.
Mujer luchadora.
Mujer apasionada.
Mujer andariega.
Sobreviviente de muchas guerras.
Mujer Entera.











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Etiquetas: ansiedad, Corazón, Depre, furia, gorda, hombres, miedo, vergüenza, vulnerable

martes, 5 de noviembre de 2013

Hojas secas en el pelo



Tenía 15. 
Yendo a los 16.
Estaba en tercer año.
A la mañana.
Viviendo en la loma del cuerno. 
Salía 6.45 todos los días para hacer los dos km entre las chacras,
hasta la parada del colectivo en la ruta 22.
Me daba miedo la oscuridad.
Pero de alguna manera estaba acostumbrada.
El otoño llegaba. 
Y las hojas de los álamos eran una lluvia de destellos dorados sobre mí.
Nadie me acompañaba.
Así que a juntar coraje.
Y a darle hasta la ruta.
Sola con mis pensamientos.
Un día un auto paró.
Era un vecino.
EL sex Simbol del barrio.
Trabajaba en la municipalidad.
Yo lo conocía.
Curiosamente hoy no puedo recordar su nombre.
Era alto. Mayor. Casado.
No me dió miedo.
Y subí.
Me llevó hasta el centro.
Y ahora que lo pienso.
No entiendo porqué. 
Si nunca fui linda.
Si nunca fui dueña de nada que fuera inteligencia.
Por qué paró?
Por qué me avanzó?
Por qué retorcida razón querer seducir a una adolescente regordeta y malhumorada?
Sigo sin entenderlo hoy, tantos años después.
Me acuerdo de que me enojé.
De que lo rechacé.
Y de que empecé a tenerle el miedo que desde un principio, debería haberle tenido.
La mañana siguiente, ya había hecho unos doscientos metros desde mi casa,
escuché su auto.
Ví los faros barriendo el camino.
No había lugar donde esconderme.
Corrí hacia la alameda de una chacra.
 Me metí en una acequia
Me tapé con las hojas.
El dorado del otoño me ocultó.
Él pasó lentamente.
Como si supiera que en alguna parte estaba yo. 
Escondiéndome.
Cada día se repitió la escena.
Si la tierra estaba húmeda,
mi escondite era la copa de algún manzano.
Pasaron unos meses así.
Dejé de usar mi campera rosada.
Empecé a usar ropa negra.
En la oscuridad me protegía mejor.
Nunca se lo dije a mis padres.
Ellos no hubiesen entendido.
Ellos no me hubiesen protegido.
La única evidencia de esta cacería,
eran las hojas secas que se quedaban
prisioneras en mi pelo negro.
Por suerte, el tipo se fue a otra ciudad.
Unos días antes de eso, lo encuentro en el almacén.
Salí, me estaba esperando para decirme
que no sabía cómo,
pero que yo me le había escapado.
Me arrinconó contra la pared,
su estatura me dominaba.
Y me prometío no irse sin antes haberme culeado.
Le pegué una patada en la espinilla.
Corrí a mi casa.
Y encerrada en el baño, vomité mis miedos.
Mi vieja pensó que estaba descompuesta.
Qué habría comido alguna porquería y me habría hecho mal.
Me aferré a esa verdad imaginaria.
Y no salí de la casa. 
No hasta ver por mi ventana, que se iba en su auto, con su mujer,
con sus hijos y el camión de la mudanza siguiéndolo.
De este hijo de puta me escapé.
Pero la suerte no me iba a durar para siempre.
Habrían otros infelices, para ocupar su lugar.




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Etiquetas: cacería, furia, hombres, injusticia, miedo, vulnerable

martes, 22 de octubre de 2013

El Coco





El Coco era mi padrino. Primo de mi viejo, había venido al valle junto con él. 
Vivía atrás del rancho que teníamos en la chacra. 
Era un peón, más o menos como mi viejo. 

Yo recuerdo algunas cosas de él. 
Recuerdo que mi mamá nos tenía prohibido estar cerca suyo. 
Pero yo me escapaba. 
Porque él me regalaba golosinas. 
Le hablaba por el ventiluz de la pieza. 
Y le pedía titas y caramelos fish. 
Yo lo quería a mi padrino. 
El me traía cosas dulces a escondidas. 
Aunque mi mamá se enojara y le gritara sí nos descubría. 

Claro. 
Yo no recordaba. 
Mi mamá sí sabía. 
Pero no sé porqué, yo no. 

Hasta que un día lo vi morirse. 
El Coco tomaba mucho. 
Y fumaba también. 
Cuando no estaba en la chacra, estaba en el boliche chupando o tomando con los otros peones y mi papá. 
Cuando estaba así, yo me escondía... pero no sabía porqué. 
Hasta que lo vi morirse. 

Al Coco le dio un infarto. 
Nadie sabia hacerle RCP. 
Eso era cosa de instruidos. 
Mi mamá si sabía. 
Pero parada al lado de él, se negó a ayudarlo. 
Yo no quería que se muriera. 
Quién me iba a comprar titas? 

Al Coco se lo llevaron. agónico, en la camioneta del patrón. 
Salieron todos junto con él. 
Y mi papá y mi mamá, en el apuro, se olvidaron de que yo no había subido. 

Me quedé sola en la chacra, y la pieza del Coco estaba abierta. 
Y entré. 
Y cuando me senté en su cama. 
No sé sí del susto de verlo con la cara pálida y la boca azul, me acordé. 
El Coco me daba las golosinas en su pieza. 
El Coco me acostaba en la cama. 
El Coco me tocaba. 
A él le gustaban los vestidos que mi mamá me ponía. 
Le gustaban las bombachas haciendo juego. 
Pero más le gustaba tocarse mientras me manoseaba. 
El Coco usaba mis manos para hacerse una paja. 
Mi padrino me compraba golosinas para hacerme ir a su pieza. 
Pero con 3, 4 o 5 años cómo saber que eso estaba mal? 
Cómo imaginar tan chica que él era un hijo de puta disfrazado de oveja? 

Mi mamá supo que algo pasaba, un día en que me estaba bañando con mi hermanito. 
Mi mamá escuchó algo que dije. 
Mi mamá vió como yo tocaba a mi hermanito. 
Mi mamá me preguntó. 
Mi mamá entendió. 
Mi mamá lloró. 
Furiosa lo quiso matar. 
Mi papá dijo que lo que yo decía no era verdad. 
Mi papá nos pegó. 
A ella por liera. 
A mi por mentirosa. 

Cuando al Coco le dio el infarto, mi mamá se las cobró. 
Lo dejó que se muriera delante suyo y delante mío. 
Y yo no me olvidé más. 
De las caras del Coco al tocarme. 
Y de la desesperación que tenía al morir. 
No sé sí fue al cielo. 
No sé sí se arrepintió. 

Hoy lo recuerdo como al primero de tantos hijos de puta que ensuciaron mi alma, profanando mi cuerpo con su inmundicia. 

El Coco me decía que me quería. 
El Coco mentía. 
El Coco era un pedófilo. 
Pero pobrecito. 
La victima fue él. 
Yo la mentirosa que sin querer lo descubrió. 

Así aprendí las reglas del silencio. 
Por eso, años después cuando otro enfermo apareció. 
Me callé. 
25 años. 
Me cubrió el silencio trágico de otra injusticia. 
Gracias al Coco. 
Y a que quién debía creerme y protegerme. Lo encubrió.
 
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Etiquetas: furia, hombres, injusticia, lo que fue primero, niñez

sábado, 28 de septiembre de 2013

Despertando


Me despertè como todos los dìas, y en el reconocer los ruidos comunes de mi dìa, como todos los dìas, mi cabeza comenzò a pensar, y mi corazòn a sentir. 
Y hoy se apagò un poquito màs el fuego que se encendiò.
Y hoy lo sentì un poquito menos.
Y en la rutina del movimiento, se transforma en algo màs que resolver.
Y en la reflexiòn de las charlas, me despierto a una nueva realidad.
Y lo dejo de idealizar.
Y empiezo a verlo como es.
Y me doy cuenta de que nunca fue èl. 
Siempre fui yo, buscando salir de entre mis 4 paredes.
De las paredes de mi casa.
De las paredes de mi cabeza.
De las paredes de mi corazòn.
Nunca fui suficiente.
Esta vez no es distinto.
Sòlo que ya no duele.
Sòlo que ya no importa.
Mi destino està màs allà de un hombre.
De cualquier hombre.
No sè si exista ese que disfrute del placer de amarme.
Y hoy importa un poco menos que ayer.
Y mañana otro poco menos.
Y los dìas van a pasar.
Y ya no habrà necesidad de encontrarlo.
Y alcanzarà conmigo para ser feliz.
Y no me despertarè con la sensaciòn de una cama demasiado vacìa.
Me voy a despertar sabiendo que esta vez no me dì contra el cemento.
Que esta vez despertè a tiempo.

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Etiquetas: Corazón, hombres, mío de mi alma, pensando un momento

martes, 3 de septiembre de 2013

y se fue

se fue tu recuerdo. 
se fue el color de tus ojos de mi memoria. 
se fue todo lo que era tuyo de dentro mio. 
me quedè vacìa. 
no sintiendo. 
no nada.
para ser sincera, amaba lo que yo podìa ser con vos. 
amaba las posibilidades a tu lado. 
amaba lo inteligente que me sentìa a tu lado. 
para ser sincera, no te amaba tanto a vos.
como esa complitud que sentìa cuando estaba unida a vos.
hoy a 9 meses de esa ùltima vez, recuerdo lo que no fuiste.
recuerdo que las estrellas de ese cielo que creábamos, ya se estaban apagando. 
no recuerdo tus manos.
y los dìas fueron pasando.
y se fueron con ellos, algunos llantos.
cuando quise estar con alguien, te recordè demasiado.
y me aleje. 
te torturè durante 12 oraciones.
hasta que en mi cabeza la verdad brillò.
la estùpida fui yo.
la que jugò con fuego bañada en gasoil.
y cuando las llamas ardieron, 
este amor que te tuve comenzò a arder.
y a morir.
encerrado.
sin aire.
dentro de mi caja toràcica.
y junto con èl,  se hizo cenizas mi corazòn.
y con ese amor que te tuve muriò la capacidad de creer.
y ya no hubo nada.
sòlo el recuerdo dentro de mi pecho de los latidos
que alguna vez golpetearon contra tu piel.
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Etiquetas: explicando, finales, hombres, nada..

martes, 8 de enero de 2013

Final

A veces los amores cómo este,  que yo te tenía a vos,  mueren de un paro cardíaco fulminante. Y es una dolorosa y desilusionante suerte que esto pase. Me diste el golpe que le faltaba a mis finales. Te necesite y desapareciste. No era tu plata, eras vos, al que yo necesitaba. Creí que ibas a entender que pese a toda mi fuerza, irme de casa con mis hijas no era fácil. Necesitaba una palabra de simpatía  Sólo eso. Que hicieras leve mi escape. Pero no. Descubrí tu egoísmo. Descubrí que solo era piel para sacarte las ganas en los tiempos programados de una habitación alquilada. Y después de 4 días y 5 noches de atragantarme con el llanto que no lloré, recapacité. Me lavé un rostro limpio de lágrimas. Y te solté. Ya no hay mucho para decirte. No tiene sentido declararte un amor que ya tiene acta de defunción firmada. No tiene sentido seguir prorrogando encuentros donde te voy a ver como al ser egoísta y materialista que sos. No puedo verte ya como al hombre del que me enamoré ese mes. Veo a un tipo que usó mis palabras contra mí. Que me usó porque yo le dí el permiso para hacerlo. Y me odio a mí misma, y te odio a vos. Hablamos ayer y no hubieron mariposas que me recordaran que te amaba hasta con el estómago. No hubo esa emoción de saberte cerca por obra y milagros de miles de pelitos de fibra óptica. Sólo hubo el presentimiento exacto de excusas anunciadas. Elegiste llegar tarde. Elegiste desilusionarme. Elegiste golpearme. Y haciéndolo,  le diste un final a esta historieta mal escrita del efímero amor de una mujer estúpida por un tipo que nunca me vio como yo realmente era. 
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Etiquetas: cosas importantes, decisiones, finales, hombres

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Sueño BlAnCo

En tú ignorancia esta mi seguridad, en que no sepas y no percibas, lo que en verdad dicen mis manos cuando te tocan, o el silencio, en donde antes había palabras. Que si ahora salieran de las comisuras de mis labios, significarian el final de todo. Mi terapia no es concentrarme en quererte, mi terapia es trabajar, es volcar este amor en cada centimetro de tela que cortan mis tijeras en mis manos. Mi forma de olvidarte es cansandome. Agotandome. Exigiendo a mi cuerpo que vaya hasta sus limites, para que caiga desarmado en un sueño blanco sin imagenes y sin vos.
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Etiquetas: decisiones, hombres, Honestidad, I miss You, tando enamorada

jueves, 20 de diciembre de 2012

Entre otras cosas...

entre otras cosas, lamentablemente, te pensé, sos una idea recurrente aunque me mate trabajando, aunque hilvane hora tras hora sin dormir, aunque llene mi cabeza con la Ilíada y la Odisea, sólo que no puedo eliminarte o aunque sea, editarte de mi corazón, a las 5.26 de esta mañana, te dedico mis palabras insomnes, te dedico este sentimiento equivocado y frustrante. Es complicado esto de estar con él y pensarte a vos. Es odiosa esta comparativa de pieles. Es dolorosa. Confieso que te he extrañado. Que he negociado nuevamente si era posible escuchar tu voz de alguna manera. He buscado la forma de erradicarte de dentro mío. He intentado llorar todo esto que siento. Te he puteado. He golpeado mis puños contra la pared. Infinitamente me siento sola. Con vos teniendo una parte mía sin siquiera saberlo, con él creyendo que todavía me tiene. Es una porquería, entre otras cosas.... Es agotador, es torturante. Es una absoluta porquería quererte. Espero, como he esperado tenazmente tantas cosas en mi vida, espero que este sentimiento se muera de inanición, y de inacción, espero ser lo suficientemente fuerte para no teclear palabras a tu pantalla, o acariciar tu nombre en el display de mi celular. Espero que me de la sensatez la capacidad de detener el caudal de estos sentimientos con un dique de dignidad y de autorespeto. Porque si bien este sentimiento tiene valor, más valor tengo yo, que soy la vasija que lo contiene...
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domingo, 9 de diciembre de 2012

No más


No seré tu puta.
No seré tu hembra.
Con la que desfogas tus ganas.
Me niego.
Me rehúso.
Tus palabras son mentiras.
La dulzura falsa que pensás que  trago como mariposa en una noche desesperada. 
Conozco los laberintos retorcidos de tus pensamientos.
Todo tu interés es solo el camuflaje para que termine siendo un cuerpo en tu cama, para usarlo un par de horas.
Crees que yo no sé donde termina esto?
Crees que no sé que todo ese interés por mi,  es sólo un intento de convencerme de que no sos la misma mierda que todos los anteriores?
Vos pensás que yo nací ayer?
Yo para vos soy una muesca en la cabecera de tu sommier mental.
Soy la obsesión de turno.
No soy una mujer.
Soy  una cosa.
Que alimenta tu ego aburrido, vacío y roto.
Necesitas sentir que me conquistaste, que me convenciste, que fuiste más hábil en lograr que acepte desnudar lo que soy, delante de tu mirada hambrienta.
No imaginás que leo tus intenciones.
No imaginás que esta partida la jugué cientos de veces, que no hay movimientos que puedas hacer que me sorprendan.
No hay jaque mate para vos.
No imaginás que de la dilación hice un arte, que aprendí a esquivar tus balas como un Neo cualquiera de cualquier Matrix.
No me vas a tener.
No me vas a lograr.
No vas a sentir nunca en tu piel las huellas de mi pasión,
Vale demasiado como para dejarla desperdiciada en tus sábanas mentirosas.
No vas a saber lo que es que que alguien te deje el alma derramada
en los caminos de tu piel desértica.
Mi venda cayó y nos puedo ver como realmente somos los dos.
Yo soy demasiado mujer para lo poco hombre que sos.
Si sólo hubieras sido sincero.
Sólo honesto
Sólo veraz con los dos
Yo hubiese podido elegir si quería lo que tenías para dar.
Pero elegiste fingirte
Sobreactuarte
Confiando en que yo deslumbrada, no te descubriría.
Y siempre lo supe
Y elegí no creerte nada
Elegí no ser tu puta ciega.
Elegí no ser tu hembra complaciente.
Elegí verte ahogar en tu laberinto de intentos inútiles.
Mintiendo me perdiste.
El jaque mate siempre fue mío.
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martes, 4 de diciembre de 2012

RAZÓN



Y sí.
Pienso en él, es inevitable, mi corazón y mi vagina lo necesitan. Estuve negociando con la razón, negocié hora tras hora.
Y hoy la razón ganó.
HOY GANÓ.
Es día a día.
Cada día que pasa, es una razón más para olvidarlo.
Para dejarlo ir.
Recurro a mis reservas de amor propio.
Recurro a mi naciente autoestima.
Recurro a la memoria de otros dolores.
De otro hombre que también fue imposible.
Lleno mis días con creatividad.
Lleno mis días con kilómetros de hilos, con metros de telas, con cierres,  botones, lentejuelas y mi taza gris con el infaltable té. Estoy leyendo, entendiendo.
Estoy buscando mi centro.
Encontrándome.
Aspirando este olor a tierra húmeda que me llena de oxígeno y de vida....
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lunes, 26 de noviembre de 2012

Respuesta


Me dijiste que buscara dentro de mí. En mí está la raíz de mis equivocaciones. No son ellos el error. El error lo he cometido yo, pensaba en Guillermo, mi primer amor. El del primer año de la secundaria. Lo ví y me encantó. Y con la inexperiencia de mis 13 años le escribí una carta. Se la dejé dentro de la carpeta. Debería haberla pegado en el pizarrón, porque no fue jamás un acto privado entre dos personas. Él lo sintió como una vergüenza. Desde ese momento me vetó. Me ignoró. Hizo de cuenta que yo no existía. Me contaron después que la leyó en la plaza y la rompió, y la tiró en el cesto de la basura. Ese fué el destino de mis primeras palabras de amor: la basura. Por Dios, era tan ilusa. Me limaron la cabeza las novelas rosa. La culpa la tienen Jude Deveraux y también Shakespeare (qué por supuesto, SÉ que no es una autor de novelas rosas). A ellos les compré la idea del amor que puede con todo: con las diferencias sociales, con las diferencias económicas, con las diferencias estéticas y culturales. Creí con todo lo ilusa que puedo ser, que cuando un hombre me conociera vería lo que yo consideraba que era: una buena persona, generosa, honesta, sincera, culta, inteligente, dulce, cariñosa, llena de ternura y de amor por dar. Que no vería de donde venía, sino adonde quería llegar. Que no vería que no era todo lo linda que hacia falta, pero que mi belleza suprema estaba en mi alma y en las yemas de mis dedos, lista para ser derramada en su piel. Creí todo eso. Eso decían las novelas con las que me atosigaba. Si hubiera sido realmente tan inteligente hubiera analizado a mis padres, hubiera visto que el amor o la falta de él, estaba escenificado en mi casa. Lo que mis libros decían es lo que cualquier mujer anhela, pero no era la vida real. En la vida real, hoy lo sé, las cosas no son así. Con el Guille tuve la primera lección acerca de fijarme en un sapo de otro pozo. Años después mirando George de la Selva, en una escena la vieja bruja le dice a George, que las manchas y las rayas no se mezclaban, que la rubia divina era una raya, y él (George) una mancha. Cada vez que pienso en el gerentito, recuerdo esa escena y esa frase. Debo reaprender el amor real. Saber que existen las incompatibilidades sociales, económicas y culturales. Que determinado tipo de hombre se queda con determinado tipo de mujer, por más que no esté enamorado. Que muchas personas, la mayoría, actúan de acuerdo a lo que se espera de ellas, en lugar de hacer lo que sienten. Debo aprender a amar con los ojos abiertos, analizando primero y sintiendo después. Aprender de mis errores. Buscar un igual, no uno mejor que yo. Buscar un luchador, alguien con sueños, alguien que sepa lo que es haber caminado desiertos. Alguien que valore la compañía por el sólo hecho de conocer demasiado la soledad. Quisiera poder decirte que sé porqué me equivoco, quisiera que todo lo escrito sea una respuesta satisfactoria, pero siento que algo se me escapa. Quizá esperé que alguno de ellos dándome bola confirmara que soy una buena persona, generosa, honesta, sincera, culta, inteligente, dulce, cariñosa, llena de ternura y de amor por dar.
 Porque quizá ni yo crea que esa soy yo.
Te dejo un beso (este saludo lo aprendí de él, aunque nunca me dejó uno en persona)
Y te dejo estas palabras
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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Sensatez y Sentimientos



Quise vender algo que no soy. Quise hacerme la dura, la superada, la que tenía claro que solo era cama y nada más. Con 19 tipos me funcionó perfecto. Con el nro. 20 me fui al carajo. Me pudo. Me despertó sentimientos. Me gustó demasiado. Empezó a mover cosas adentro mío. Sin embargo sé que sólo será la llave que me abrió el corazón a nuevos sentires. Nos separan abismos incruzables propios y ajenos. Y es mejor así. Quiero quedarme con los buenos momentos, con los buenos recuerdos. Con las buenas charlas, con las confidencias, con las cosas que me ayudó a superar. Con el perfume de su piel en mi memoria. Me queda saber que estos sentimientos los provocó un buen tipo, no uno perfecto, pero sí buena persona. Uno al que admiro. Yo que creí que nunca más podría sentir esa cosa loca llamada Amor, descubro que tengo la capacidad. Sí deberé cambiar la receta. No sé si buscar una nueva, No sabría cómo hacerlo, pero sí pararme desde otro lugar. Tengo que aprenderme de nuevo. Asumir que soy una mujer sensible, que siente, que quizá escondió todo ese mundo por años de vivir con miedo. Muchas veces me lamenté por no haber podido encontrar al amor de mi vida. Tenía la idea absurda de que algún príncipe azul vendría y saltaría todas mis murallas y me rescataría. Hasta anoche tuve esa idea.  Pero bueno, nro. 1 los príncipes azules destiñen. Nro.2 nadie nace sabiendo rappel. Es mi trabajo poder derribar piedra por piedra eso que construí para protegerme. Poder dejar de tener vergüenza de ser la que soy. De ser 1.58 de pasión y sensibilidad. Yo PUEDO. Llegué a este punto. Sí con lágrimas en los ojos, sí con rasguños en el corazón, pero feliz de alguna manera de saber que por un breve momento quise a ese hombre, de que pude hacerlo. No es nada que el tiempo no cure. Si soy más sabia es porque de otros errores aprendí. De esto hoy aprendo. Aprendo a ser más honesta conmigo misma. A no fabricarme personajes que no soy. No esta mal sentir. No soy de titanio. Debo elegir mejor en quien depositar mis sentimientos. Debo aprender a decir lo que siento en el momento adecuado.
Me quedó saber como sería un beso suyo. En lo impersonal del sexo sin compromisos eso se perdió. “El cielo que jamás podré tocar” escribirlo me desborda la mirada. Y sí, duele. Esto había durado demasiado. Y yo lo sabía. Otra cosa que aprendí: hay que tener siempre Esperanzas, pero no ser un kamikaze que se arroja en un avión en llamas.
Este Amor debería venir sponsoreado por pañuelos de papel tissue =) Por suerte sé que lo podré superar. Que me va a llevar tiempo, eso no lo dudo. Pero bueno, cuando mis nietas me pregunten qué es el Amor,  podré decir que es la fuerza más profunda que puede sentir un ser humano, que llega adonde nada ha llegado y que aunque muchas veces sea efímero y no correspondido, nunca pasa sin habernos cambiado aunque sea un poco, en algo.
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martes, 16 de octubre de 2012

Violación






Me salvó escribir. Dejar en una hoja toda esa madrugada como un mojón que marcó el antes y el después de mi destrucción. Sentirme totalmente desprotegida. Indefensa. Vacía de sentimientos. Sucia. Rota. Usada. Quebrada. Sentir su boca sobre la mía. Sentir su lengua en mi cara y sus manos apretando mi garganta. Sentir que me ahogaba, que mis pulmones estallaban. Que por un instante me moría, sin vivir la vida. 
Las lagrimas cayendo suicidas, en la tierra de ese baldío. El ruido de mi ropa interior desgarrada, mis intentos insuficientes por escapar. Mis pensamientos confusos. Drogados. 
No puedo olvidar su olor. 
No puedo olvidar el acecho de su forma sobre mí. 
No puedo olvidar el dolor cuando me desgarraba. Esa quemadura en lo más privado mío. 
Las nauseas que me invadieron. 
Recuerdo que entre lágrimas, llamé a mi papá. 
Que la luna brillaba redonda e inmensa. 
Lo recuerdo a él sobre mí, mordiendo mis pechos, y entre los dolores, la luna que brillaba. 
Recuerdo palabras perdidas, me negué a rogar. 
Ya no pedí que parara. 
Me sostuve como pude del alambrado. Soportándolo en su clímax asesino y maldito. 
Teniendo que limpiar con mis labios mordidos su sucio placer. Fue una micro eternidad. 
La considerada brutalidad ordenándome la ropa, bajando mi pollera, prendiendo algún botón de mi camisa. Limpiando con manos ásperas las lagrimas que no paraban. 
Su voz preguntando si me había gustado. 
Mi silencio. 
Un silencio que no me dejó nunca más. 
Él se llevó todo lo bueno de mí. 
Se llevó mi voz. Mi fé. Mi esperanza. Y me dejó a mí. 
Sola. Loca. Suicida. Triste. Sucia. Demasiado nada. 
Me dejó adolorida en lo más profundo de mi alma. 
Incapaz de levantarme. 
Demasiado débil para luchar por mí. 
Me he quedado parada al borde de esa noche muchas otras noches. 
No ha habido un hombre que borre el recuerdo de tanta brutalidad. 
No ha habido amor de fénix que sepulte los miedos y los fantasmas que me rondan las noches de lunas grandes y blancas. 
No han habido abrazos de consuelo. 
Todavía queda dolor. 
Pasaron 12 años y delante de esta pantalla descubro que aún hay lágrimas que se quieren escapar de la cárcel de mis pestañas. 
Pero ya es tarde, de que sirve llorar en esta madrugada...??? 
Necesito un abrazo. 
Necesito escuchar a quien sea, diciendo que no es mi culpa. Que yo no merecía ser la victima de ese ser despreciable y criminal. 
Los hombres de mi vida no tienen voz. Los hombres de mi vida no tienen oídos que oigan. 
Los hombres de mi vida no se duelen por mí. No tienen corazón para compartir mis heridas. 
La única voz que se cuela dentro mío, es la de él, susurrándome veneno, igual que en aquella madrugada de luna blanca, 
todas las noches de lunas blancas.
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Etiquetas: furia, hombres, mío de mi alma

domingo, 14 de octubre de 2012

PABLITO CLAVÓ UN FUCKING CLAVITO..


“...Entendí que aunque te amaba tenía que seguir otro camino...”Como todos los días pensé en vos. Es algo inexorable. Me da por los ovarios, pero cuando me obsesiono con algo soy insoportablemente persistente. Tengo ganas de cojerte, de tenerte atado y amordazado 24 horas en mi cama. Gozarte, sacarte toda la leche, lamerte y chuparte completo. Tengo ganas de desaparecerte de una vez por todas de mi vagina inconforme sin tu pija para llenarla. Quizá así te termine de amar o de olvidar. Quizá así me deje de pensar en los “si hubiera” y los “y si”. Y pueda seguir de una con mi vida. Ni siquiera cojimos bien. Cojimos 2 veces, si. Pero no fue de esos polvos que te dejan rota y con las caderas desconfiguradas de los embistes del chongo de turno. Encima en esa época post violación cojía para no estar sola, sabía poco de placeres, menos de recibirlos que de darlos. Me gustaba hablar con vos, y para seguir hablando con vos tenía que cojer. Recuerdo que cuando me pasaste a buscar, me dijiste que íbamos a ir a un lugar tranquilo a charlar. Y me llevaste al telo, al Momentos para ser exactos, encima, era el más berreta. El más barato. Y me llevaste ahí. Y ahí cojimos. Te la chupé, ya en esa época era buena mamando. Y lo hicimos al más ordinario estilo misionero. Te das cuenta? Fue un polvo de lo más básico. Pero así y todo me enamoré o me obsesioné o lo que sea, no sé que carajos me pasó. El asunto es que después de todos estos años, ambos con sus vidas hechas y sus cartas jugadas, sos como un peñón de Gibraltar en mi existencia. Una mina explosiva que cuando menos espero, piso y me estalla partiéndome en dos partes y entonces me re caliento y te puteó y te detesto para después terminar llorando porque quiero verte y desangrar las ganas que te guardo y agarrarme una curda cósmica con el olor de tu piel maldita. 
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Etiquetas: explicando, furia, hombres

lunes, 1 de octubre de 2012

RECUERDO




Hoy recordé a ese tipo, a uno que conocí cuando llegué a Neuquén 
Y estaba sola. Tuvimos una historieta de 2 horas. Después no lo vi más. Hasta unos meses después de que nació mi hijita y yo había vuelto a trabajar. Ese día su sector de la Adm. Pública había hecho un evento en donde yo trabajaba. Me invitó a tomar un café, le dije que no podía porque salía corriendo a buscar a mi beba al jardín Maternal y de ahí a tomar el cole para llegar una hora después a mi casa. Se ofreció a llevarme así charlábamos en el viaje. Yo acepté, como una boluda. Debería haberme dado cuenta de que solo quería cojerme. Andaba más preocupada por el hecho de que a mi hija le habían recetado una leche maternizada carísima que yo no podía comprar de ninguna manera, y en esos raptos de cansancio que suelo tener, se lo conté. El paró en una farmacia y me compró la leche, así de una. Yo no supe qué hacer. Me sentía en una situación súper incómoda, pero pensé en qué mi beba necesitaba alimentarse bien y acepté ese “favor” que me hacía de onda, porque según sus propias palabras él era una buena persona y yo una piba sola con demasiado sobre los hombros. Que siempre que pudiera ayudarme lo iba a hacer. Le agradecí, por supuesto, y le dije que ni bien cobrara le iba a devolver el dinero que había pagado. Siguió con la sanata de la amistad y los valores hasta mi casa, donde me dejó. Unos días después apareció en la oficina, a “tomar un café”, justo en el horario donde estaba yo sola en el complejo. Cuando fui a preparárselo, me siguió a la cocina y me dijo que había ido a cobrar la lata de leche que había comprado para mi bebé. No reaccioné. Mi imbécil orgullo no me dejó. Me llevó de la mano al baño y se cobró. Sólo atiné a pedirle que usara forro. No dije nada más.No quería deberle nada.Lo dejé hacer. Inerme. Cuando terminó, se acomodó la ropa, y saliendo me dijo que iba a volver. Empecé a temblar. Si hubiera tenido algo en el estómago lo hubiera vomitado. Se lo conté a mi amigo. Él me dijo que rastreara la dirección de su casa y ubicara a su mujer. Lo llamé y le dije que si volvía otra vez le iba a decir a su mujer lo que él hacía. Lo que me había hecho a mí. Por supuesto me dejó a la altura de una de una arrastrada. Ya no era la piba sola con demasiado sobre los hombros. 
Como siempre, de todo lo malo y lo feo que me ha pasado aprendí algo: no aceptar favores de alguien que sólo te ve como un pedazo de carne con un agujero para cojer. Porque esos favores se vuelven en contra. Siempre.
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